El desdicho refugio climático

¿Y si te acoges a sagrado? te preguntas, azuzado por la calorina que hace fuera, y derrite los sillares de piedra del casco antiguo cacereño. Pagas la entrada, pegas el audioguía a la oreja, constatas por primera vez en toda tu vida que estás sudando dentro de una iglesia. Pruebas en las capillas con el mismo resultado. A calzón quitado asciendes al campanario. Recibes una bofetada de calor. Nunca has tenido una campana tan a mano. Ardes en deseos (será por el calor) de hacerla tañer. Quieres sentir el badajo entre las manos. Hacer mucho ruido, manifestar tu creciente malestar.

Comentarios

2 respuestas a «El desdicho refugio climático»

  1. Avatar de Fackel

    Ensordecedora campana. Tapa los otros ruidos, sí. Machaca el tímpano, también. Entre el ruido general humano y el campanario me quedo con el silencio (de un claustro, de una cueva, de un rincón fluvial alejado, de un sueño sin soñar)

  2. Avatar de Francisco Hermoso de Mendoza

    Hoy que todo es ruido, el rincón fluvial apuntado tiene casi un carácter mítico. Por otra parte, la realidad polarizada ofrece a la superpoblación de las grandes urbes, el contraste de una España, no ya vaciada, sino abandonada, pasto del olvido y la soledad.
    La lectura es hoy un refugio, necesitado de soledad y silencio, por eso tan denostada, la lectura.

Responder a Fackel Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *