
Recorriste la cresta sentado, agarrotado ante la visión de sendas paredes verticales, a los flancos, bajo tus posaderas. Hubo quien incluso sintió paralizadas las extremidades, el rostro blanco, el vértigo (hijo bastardo del miedo) haciendo de las suyas. Ahora, en la distancia, parece más ancha la cresta Mugalari. El León Dormido presenta otro aspecto, menos fiero, más amable. Ni rastro de los buitres, ni siquiera sopla el viento. El movimiento, donde estás situado, lo ofrecen las familias con hijos que hacen cumbre, toman fotos y descienden. Carga las pilas. Respira. El lunes volverás a ser un hámster en la rueda.
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