
Visitas Évora. Recorres el perímetro del Templo romano de Augusto, aunque todos digan “de Diana”. Observas en pie unas pocas columnas: catorce. Las ruinas son el autocompletar de la imaginación, piensas. Lo llamativo del templo es el mármol de Estremoz en los capiteles. En la misma plaza del templo se celebra la Feria del Libro. Compras uno de Afonso Cruz en portugués e inglés. Por título Évora. En la cubierta el templo romano. Lo lees a la noche después de haberte pateado Évora a cuarenta grados, en mayo. De la lectura extraes un único deseo: degustar la sopa de beldroegas.
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