
No necesitas saber lo que ha hecho para estar castigada, mirando a la pared, y de espaldas a los transeúntes que la fotografían según avanzan. Su medio es el aire. Su miedo, el metal que le da forma, inservible ahora toda su arrogancia punk. ¿Y si la intervención artística consistiera en mudar el hierro en papel, y el asidero fuera la cuerda que cortarías al instante para restaurarla al aire? Te cuenta un vecino que los pájaros necesitan tierra firme, que no pueden vivir indefinidamente suspendidos. Esperas que un golpe de viento cambie al menos la dirección de la abubilla.
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