
A la velocidad del rayo surca el avión el tramo de cielo sobre tu cabeza. Visto desde la orilla, arriba la barbilla. Al frente, el mar y el cielo confunden el horizonte como en un cuadro de Rothko. La tercera horizontal sería la arena negra. A medida que te internas, el oleaje te zarandea y cuando divisas una ola que viene hacia ti, en su seno de espuma te sumerge, estirado en el agua como una tabla de surf, arrastrado hasta la orilla, embadurnado de algas te incorporas. Una semana después extraerás con un bastoncillo arena negra de ambos oídos.
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