
Que Dios no juega a los dados lo sabemos gracias a Einstein, pero que juega al Tetris es algo más desconocido, y que tiene la naturaleza, te atreverías a decir, de un secreto. Sucedió que estando en una playa de Gran Canaria, al salir de la mar, embravecida y erizada por olas muy surferas, te percataste de que lo que tenías frente a ti no era un edificio maleducado, a espaldas del mundo, sino la obra del Hacedor, que ese día, en vez de manos tuvo manoplas, y que aburrido dejó la partida, afortunadamente, sin resolución. Y a Dios gracias.
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