Cuaderno de Praga. Tres

Al caminar por las calles de Praga no mires los adoquines y alza la mirada. Verás a Freud colgado de una barra en lo alto de un edificio, un joven sobre un muro, una niña entretenida con un avión de papel, y mariposavionetas. Por no hablar de toda la miríada de atalantes, hombres musculosos, mujeres desnudas soportando las cornisas y repisas en un sinfín de bellos edificios. O un poco más abajo un feto instilado en un canalón, manos (Věrni zůstaneme), bustos. Así es el arte escultórico praguense: inesperado, sorprendente, impactante; una voz queda, pero audible si pones el oído.

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