Etiqueta: Venecia

  • Singladuras por la ciudad líquida V

    Cuando te regalaron una cámara digital, el primer día que hubo tormenta te asomaste al balcón y tardaste más de una hora en inmortalizar un rayo. De la misma manera que sentiste la desilusión al enterarte de que los padres eran los Reyes Magos, así te sentiste cuando viste el haz luminoso en la pantalla. Demasiado fácil pensaste. Regresaste a lo analógico. La cámara pesa y te hace sufrir de la espalda. Has quitado la tapa de la lente, tienes la cámara en las manos y un presentimiento. Enfocas y disparas. Miras en la pantalla el gondolero, ahora inmortal.

  • Singladuras por la ciudad líquida IV

    ¿Y si es un callejón sin salida? ¿Y si al final hay un muro que no puedes rebasar y debes desandar tus pasos? ¿Y si la calle muere en la laguna y seguir caminando te convertiría en un ser abisal? ¿Y si preguntas a alguien si la calle de la vida conduce a algún lado? ¿Y si nadie entiende tu italiano macarrónico y entiendes lo que no es? ¿Y por qué está escrito en castellano y no en italiano? ¿Y si tú que estas ahora nel mezzo del cammin di tua vita, equivocas el infierno por el paraíso? ¿Entonces, qué?

  • Singladuras por la ciudad líquida III

    Cees Nooteboom recomienda perderse en la ciudad, recorrer las calles sin el auxilio de un mapa, convertir el paseo en deambuleo, sin prisas y con pausas constantes. Concédete pues un momento, cierra los ojos y escucha. El báratro sonoro no será el ruido de los motores de los coches o motos, sino el chapoteo del agua contra la piedra en los canales, las cañerías de un opresivo retrete inundado, así Venecia según Bassani. Olvídate de las guías turísticas, los mapas, los móviles, el GPS y dime, ¿para que los necesitas cuando todos los caminos conducen a la Plaza San Marcos?

  • Singladuras por la ciudad líquida II

    Has decidido tomarte este viaje como un juego y el laberinto que es la ciudad, o quizás el destino, te ha traído a esta calle, o callejón. Una calle desierta en una ciudad siempre abarrotada ha de significar algo. Ahora necesitas un pin. No hay otra manera de avanzar por el callejón si te empecinas en seguir, pero fuertes brazos de aire te impiden avanzar. Ves cuatro números en la pared. Los pronuncias en voz alta. ¡Agua! Demasiado obvio. Experimentas un rapto de lucidez y gritas ocho, ocho, ocho, ocho. El aire cesa al instante. La ciudad infinita te aspira.

  • Singladuras por la ciudad líquida I

    Imposible reconocer la Iglesia de San Geremia por la fachada, ahora oculta, tampoco por la cruz en la linterna sobre la cúpula. Sabrás que dentro están las reliquias de Santa Lucía porque un turista español lo dice a viva voz a su pareja. No te vendría mal algo más de vista, piensas, víctima de la presbicia. Pero el cartelón sí lo ves. La publicidad financia hoy las obras de restauración de las innumerables iglesias. Ayer era un cartelón de Cartier en la Basílica de Santa Maria della Salute. ¿ La sobriedad interior del templo sagrado desdecirá la lujosa ropa del exterior?