Etiqueta: Camprovinarte

  • El despertar de los aperos

    Te relajas cuando te enteran de que lo que ves es una intervención artística. No ves sangre en los filos de las hojas y lo das por bueno. El artista habla de un monte calvario. Las herramientas las proporcionan los lugareños. De las casas de aperos pasan hoy al campo abierto. Vuelven al origen. Los espectadores asienten y dan por válidas las palabras del artista. Hoy la palabra estrella es diálogo, sin embargo, la realidad ensimismada, los rostros embebidos en las pantallas, lo desdicen. Ciertamente escuchas el silencio, pisas la tierra y la hierba, pero regresas al pueblo, a reventar.                                                  

  • Con(sumo) mimo

    Quizás las hojas levantiscas no quieran estar más tapiadas y busquen la libertad, hasta ser cazadas al vuelo y como mariposas fijadas en la madera. Lo mismo haces con tus pensamientos: los fijas en el muro de la memoria para proceder a su estudio. Desconoces cuánto tiempo serán capaces de resistir las hojas en su cautiverio. Si un golpe de viento o bien una mano furtiva les devolverá la libertad. Porque los libros, ¿no son también una cárcel para las palabras?, víctimas del empeño humano por hacer sólido lo efímero. Como dejaste las gafas en casa mantienes prudente la distancia.

  • Ladrillos de celulosa

    Tapiar una casa con libros en lugar de ladrillos. Abajo las enciclopedias: otro saber clausurado. El finiquito de lo analógico en manos de lo digital. De Salvat o Larousse a Wikipedia. Hacíamos los trabajos escolares copiando de las en-ciclope-dias. Hoy el cíclope es el Gran Hermano. Dice la artista malagueña que durante la guerra civil hubo barricadas con libros, a modo de parapeto. Piensas un segundo en morir, leyendo, no matando; con un libro en las manos. Libro que no detendrá las balas, tampoco redimirá la injusticia poética de toda muerte. Contesta: ¿Qué libro te acompañaría al más allá/más abajo?