
Te relajas cuando te enteran de que lo que ves es una intervención artística. No ves sangre en los filos de las hojas y lo das por bueno. El artista habla de un monte calvario. Las herramientas las proporcionan los lugareños. De las casas de aperos pasan hoy al campo abierto. Vuelven al origen. Los espectadores asienten y dan por válidas las palabras del artista. Hoy la palabra estrella es diálogo, sin embargo, la realidad ensimismada, los rostros embebidos en las pantallas, lo desdicen. Ciertamente escuchas el silencio, pisas la tierra y la hierba, pero regresas al pueblo, a reventar.

